Pero el mundo no se detuvo, no le prestó ninguna atención, y sentía que estaba cayendo en un hoyo. ¿Y ahora, qué?
¿Voy a consumirme y a desaparecer, o voy a sacar el mejor partido posible del tiempo que me queda?
«Acepta lo que eres capaz de hacer y lo que no eres capaz de hacer»
«Acepta el pasado como pasado, sin negarlo ni descartarlo»
«Aprende a perdonarte a ti mismo y a perdonar a los demás»
«No des por supuesto que es demasiado tarde para comprometerte»
«Algunas mañanas lloro mucho y estoy de duelo por mí mismo. Algunas mañanas estoy muy enfadado y muy amargado. Pero no dura demasiado. Después, me levanto y me digo: “quiero vivir...”
»De momento, he sido capaz de hacerlo. ¿Seré capaz de seguir así? No lo sé. Pero apuesto conmigo mismo a que lo seré.
«¿Has encontrado a alguien con quien compartir tu corazón?
«¿Estás aportando algo a tu comunidad?
«¿Estás en paz contigo mismo?
«¿Estás procurando ser tan humano como te sea posible?
«La vida es una serie de tirones hacia atrás y hacia adelante. Quieres hacer una cosa pero estás obligado hacer otra diferente. Algo te hace daño, pero tú sabes que no debería hacértelo. Das por supuestas ciertas cosas, aunque sabes que no deberías dar nada por supuesto.
»Es una tensión de opuestos, como una goma elástica estirada. Y la mayoría de nosotros vive en un punto intermedio.
»Algo parecido a un combate de lucha libre.
Gana el amor. El amor gana siempre.
«La cultura que tenemos no hace que las personas se sientan contentas de sí mismas. Y uno ha de tener la fuerza suficiente para decir que si la cultura no funciona, no hay que tragársela».
«Lo más importante de la vida es aprender a dar amor y a dejarlo entrar.
Dejarlo entrar. Creemos que no nos merecemos el amor, creemos que si lo dejamos entrar nos volveremos demasiado blandos. Pero…
«El amor es el único acto racional.»
Lástima de sí mismo.
-A veces, por la mañana, la siento. Es entonces cuando me lamento. Pienso y deploro lo que he perdido. Deploro el modo lento e insidioso en que me estoy muriendo. Pero, a continuación, dejo de lamentarme.
-Me permito un buen llanto si lo necesito. Pero después me concentro en todas las cosas buenas que me quedan en la vida.
¡Qué útil sería establecer un límite diario a la autocompasión! Unos pocos minutos lacrimosos, y después a seguir adelante con la jornada.
Si no tienes el apoyo, el amor, el cariño y la dedicación que te ofrece una familia, no tienes gran cosa. El amor tiene una importancia suprema. «Amaos los unos a los otros o moriréis».
No es sólo amor, sino también hacer saber a los demás que hay alguien que está velando por ellos.
«No te aferres a las cosas, porque todo es impermanente»
Pero el desapego no significa que no dejes que la vivencia penetre en ti. Al contrario: dejas que penetre en ti plenamente. Así es como eres capaz de dejarla.
-El caso de cualquier emoción: el amor a una mujer, o el dolor por la pérdida de un ser querido, el miedo y el dolor de una enfermedad mortal. Si contienes las emociones, si no te permites a ti mismo llevarlas hasta el final, nunca podrás llegar a estar desligado; estarás demasiado ocupado con tu miedo. Tienes miedo al dolor, tienes miedo a la pérdida de un ser querido. Tienes miedo a la vulnerabilidad que trae aparejado el amor.
»Pero si te sumerges en estas emociones, permitiéndote a ti mismo tirarte de cabeza a ellas, hasta el final, por encima de tu cabeza incluso, las vives de una manera plena y completa. Sabes lo que es el dolor. Sabes lo que es el amor. Sabes lo que es la pérdida de un ser querido. Y sólo entonces puedes decir: «Está bien. He vivido esa emoción. Reconozco esa emoción. Ahora necesito desligarme de esa emoción por un momento».
Las personas sólo son malas cuando se ven amenazadas, y eso es lo que hace nuestra cultura. Eso es lo que hace nuestra economía. Hasta las personas que tienen puestos de trabajo en nuestra economía se sienten amenazadas porque temen perderlos. Y cuando uno se siente amenazado, empieza a preocuparse únicamente de sí mismo. Empieza a hacer del dinero un dios. Todo forma parte de esta cultura.
»Construir tu propia pequeña subcultura. No quiero decir que pases por alto todas las reglas de tu comunidad. Yo no voy por ahí desnudo, por ejemplo. No me salto los semáforos en rojo. Puedo obedecer las cosas pequeñas. Pero las cosas grandes, cómo pensamos, lo que valoramos, ésas debes elegirlas tú mismo. No puedes dejar que nadie, ni que ninguna sociedad, las determine por ti.
» Las cosas que se supone deben avergonzarme, despertarme algunas mañanas con ganas de llorar, no tienen en sí mismas nada de vergonzoso ni de deshonroso.
»Lo mismo pasa con las mujeres que no son lo bastante delgadas, o con los hombres que no son lo bastante ricos. No es más que lo que nuestra cultura quiere hacernos creer. No te lo creas.»
»Yo deseaba siempre haber hecho más cosas. Solía azotarme a mí mismo por ello. Ahora veo que eso no servía de nada. Debes hacer las paces. Debes hacer las paces contigo mismo y con todos los que te rodean.»
»En los negocios, las personas negocian para ganar. Negocian para obtener lo que quieren. El amor es diferente. El amor es cuando te preocupas tanto por la situación de otra persona como por la tuya propia.
El Entrenador.
Las cosas que se me ocurren, y no quiero meterme en jardines... pero puedo responder comentarios.
Espero que sea un sitio de curiosidades y un entretenimiento. Pero con ese punto desconcertante metafísicamente hablando. Y yo sigo en miNube.es.
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viernes, 23 de septiembre de 2011
miércoles, 31 de agosto de 2011
El Túnel
" ...Y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí, como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado.
¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable... No, ni siquiera ese muro era siempre así: a veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad, o le había intrigado el lenguaje mudo, la clave de mi cuadro. Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad. Y a veces sucedía que cuando yo pasaba frente a una de mis ventanas ella estaba esperándome muda y ansiosa (¿por qué esperándome? ¿y por qué muda y ansiosa?); pero a veces sucedía que ella no llegaba a tiempo o se olvidaba de este pobre ser encajonado, y entonces yo, con la cara apretada contra el muro de vidrio, la veía a lo lejos sonreír o bailar despreocupadamente o, lo que era peor, no la veía en absoluto y la imaginaba en lugares inaccesibles o torpes. Y entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado.
¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable... No, ni siquiera ese muro era siempre así: a veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad, o le había intrigado el lenguaje mudo, la clave de mi cuadro. Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad. Y a veces sucedía que cuando yo pasaba frente a una de mis ventanas ella estaba esperándome muda y ansiosa (¿por qué esperándome? ¿y por qué muda y ansiosa?); pero a veces sucedía que ella no llegaba a tiempo o se olvidaba de este pobre ser encajonado, y entonces yo, con la cara apretada contra el muro de vidrio, la veía a lo lejos sonreír o bailar despreocupadamente o, lo que era peor, no la veía en absoluto y la imaginaba en lugares inaccesibles o torpes. Y entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado.
jueves, 4 de agosto de 2011
Bytes
No son más que impulsos eléctricos, combinaciones binarias de ceros y unos que milagrosamente se transforman en palabras. A un ritmo más o menos constante, los dedos se posan en el teclado, aprietan las frías letras y llenan de escritura la blanca superficie. No hay piel que acariciar ni mirada en la que reflejarse. No existe otro aroma que no sea el nuestro ni aire que tiemble por otra presencia. Estamos solos ante una máquina que creemos dominar, que trabaja a nuestro antojo y se apaga con sólo presionar un botón.
- colaboración anónima -
Dime entonces cómo pudo nacer esta magia. Explícame por qué ya no me siento sola, por qué tus palabras son lo único que calma mi sed, por qué cuando me hablas todo desaparece y llegas tan adentro, a rincones de mi ser de los que ni siquiera conocía la existencia. Cuéntame cómo puedo notarte tan cerca si no estás a mi lado, qué provoca que te busque sabiendo que no voy a verte, qué te hace brillar en este caótico y oscuro mar. Dime por qué te añoro sin haberte tocado, por qué te siento mío sin haberte tenido nunca, por qué el futuro parece tan sombrío si no te imagino en él.
Y entonces yo podré explicarte que el botón de apagado ya no sirve para nada. Podré contarte cómo tu esencia lo inunda todo, cómo cualquier objeto lleva tu nombre, cómo vives conmigo cada instante y llenas mis días de luz. Podré confesarte que lucho sin éxito contra tu poder, que te has llevado mi voluntad y mi sentido común, que corro hacia ti como un cuerpo que, sabiéndose cáscara vacía, intuye que sólo en tu aliento recuperará su alma.
Y quizá entonces veas que ya hace mucho que traspasamos la quebradiza línea que separa la realidad del sueño. Quizá entonces te des cuenta de que las dudas que queman tu sentir son las mismas que a mí me abrasan; que vagamos juntos, perdidos en la bruma, buscando aquello que nunca nos será concedido, y sólo podremos apelar a la fuerza de nuestras manos entrelazadas para encontrar el camino.
Y quizá entonces, quizá ahora, pueda decir adiós a esa parte de ti que me ha atrapado en esta espiral de locura, cegar la luz que me has dado para que nuestra fragilidad no nos haga estallar en mil pedazos. Y quizá ahora, amor, exhale por última vez el aire que me ha dado vida, tu aire. Porque, aunque continúe sintiéndote, quizá ahora deba decirte por última vez que te quiero... para poder seguir queriéndote eternamente.
De G, siempre, para T.
- colaboración anónima -
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