Las cosas que se me ocurren, y no quiero meterme en jardines... pero puedo responder comentarios.
Espero que sea un sitio de curiosidades y un entretenimiento. Pero con ese punto desconcertante metafísicamente hablando. Y yo sigo en miNube.es.
Vistas de página en total
domingo, 28 de diciembre de 2014
domingo, 14 de diciembre de 2014
Feliz Navidad y 2015
Que en estas fiestas,
reine la paz,
que la inocencia
brille en nuestros ojos,
y que para el nuevo año
se cumplan nuestros deseos
y seamos capaces de
realizar nuestros propósitos.
FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO
viernes, 31 de octubre de 2014
martes, 16 de septiembre de 2014
Viva Santa Eufemia!!

En la fiesta de Santa Eufemia
Villafranca canta con fervor
a la que es su patrona excelsa
abogada del trono de Dios. (bis)
Villafranca canta con fervor
a la que es su patrona excelsa
abogada del trono de Dios. (bis)
Mártir del Señor, Virgen purísima
al cantar en su honor, en su honor.
al cantar en su honor, en su honor.
Te ofrecemos nuestros corazones
que tan pobres y débiles son
suplicando que nos los conserves
siempre libres de la corrupción. (bis)
que tan pobres y débiles son
suplicando que nos los conserves
siempre libres de la corrupción. (bis)
Recíbelos con amor,
recíbelos con amor,
con amor.
recíbelos con amor,
con amor.
sábado, 2 de agosto de 2014
VIVIR
Vivir, estar vivo, o más bien no encontrarse abierto a la muerte es no estar en la situación en que esa pregunta resulta inminente.
Para decirlo más claro: se vive siempre sin razón; y vivir es eso, es vivir sin-razón, por nada, a merced del tiempo.
Es la no-razón, una verdadera locura, si lo pensamos. Pero no lo pensamos.
En cuanto algo del «pensamiento», de la «razón», se introduce en las cercanías de la vida, hay motivos para volverse loca. (H.C.)
Para decirlo más claro: se vive siempre sin razón; y vivir es eso, es vivir sin-razón, por nada, a merced del tiempo.
Es la no-razón, una verdadera locura, si lo pensamos. Pero no lo pensamos.
En cuanto algo del «pensamiento», de la «razón», se introduce en las cercanías de la vida, hay motivos para volverse loca. (H.C.)
viernes, 25 de julio de 2014
FELICIDAD
FELICIDAD
Ya metí 3 entradas sobre el dolor hace unos años, así que para no repetirme ahora quiero hablar sobre la ausencia de ese dolor que nos acompaña de por vida, los problemas de todo tipo, y que, en su ausencia u olvido, otras veces hace que nos sintamos algo así como felices, pasivamente inconscientes. La alegría, satisfacción, y otras emociones que activan esas neuronas y generan algunas sustancias, nos hacen felices, y a veces no es ausencia de problemas o dolor porque con todo simultaneamente convivimos, es la vida.
Desde que nacemos es con dolor, casi siempre con llantos nuestra primera voz de queja, no sé si cientificamente es por dolor físico, miedo o inseguridad, pero para la madre seguro que es dolor físico, aunque como decia antes, junto a una inmensa felicidad del momento.
Después llegan los retorcijones hasta que se acostumbran nuestras tripas a ese tipo de alimentación materna. Y entre toma y toma felices sueños, y luego lloros de nuevo, ¿comunicación o es ya vicio?
Pronto se empieza a disfrutar del cariño, la compañia o amparo, salen las primeras sonrisas, no sé si alguien hizo el experimento para conocer si es innato o por imitación, porque por imitación se aprende a hablar pero menos mal que los niños no hablan con esa ñoñería ni ponen esas caras y gestos que se les hace cuando son bebés.
Después de las tripas, rertorcijones y hambre también podíamos decir, llegan los dolores con la salida de los dientes, y por otra parte eso de no salirse con la suya siempre, desencanto o desilusión con sus berrinches de mimo consentido, Ya comienza la lucha psicológica, el chantaje emocional, la conciencia del yo, y del otro, con poca empatía digamos, jeje.
De lo que llamamos sentimientos y psicologia o razonamiento, se extiende a todo lo de la lucha social, convivencia, los amigos y enemigos en la guardería o las visitas. Los mordiscos, empujones o tirones de lo que se quiere uno apropiar por la fuerza o te quieren arrebatar de esta forma. Ahí ya hay sentimientos o algo parecido, sentimiento de pesar, de impotencia y todas esas cosas que a fin de cuentas son dolor, dolor del que si no sabemos asimilaelo emborrona cualquier atisbo de lo que pueda llamarse o parecerse a la felicidad, en ese momento.
Después, el romanticismo, eso que dicen es amor y que duele tanto, esa rosa con espinas y bla bla bla. Sí, es sufrimiento, el dolor es real, duele por dentro. No me extiendo.
El dolor nos acompaña en toda nuestra vida, tanto es así que a veces pensamos que de esta forma sabemos que estamos vivos, o que estamos vivos para contarlo. Pero no necesitamos pellizcarnos para saber que estamos despiertos, eso sería un momento de mucha felicidad.
A veces cuando se calma un dolor estamos a gusto pero no lo vivimos como un momento de felicidad, es como cuando olvidamos los problemas o sucesos con el tiempo, o miramos para otro lado que es más grave... la ignorancia no exime de la culpa, esto nunca lo sentimos como vida feliz, el quitarse o alejarse de lo que pueda doler no da felicidad ni siquiera sensación de paz o sosiego, sólo satisface a la razón, por eso de porque yo no soy tonto, y yo me quiero más. Se suele relacionar la bondad con esto de ser tonto, tonto de bueno. Pero se puede ser bondadoso y sensible sin que eso tenga nada que ver con el resto de cosas de una vida, problemas y sufrimiento.
Luego llegan los dolores junto a la felicidad de una madre, padres, abuelos y familia completa, tal como había comenzado. Responsabilidad, superprotección, educación... desvelos y quebraderos de cabeza con todo lo que es una vida, sin más. Con sus momentos felices, o tranquilos, claro, no todo va a ser malos ratos. Muchas satisfaciones y el tiempo va rodando. Y gracias a que nuestra cabecita intenta sólo quedarse con esos momentos buenos porque si no...
¿Por qué todo ha de ser con dolor? ¿Por qué eso de que si no es de esta forma no merecen la pena las cosas? ¿Necesitamos ese contraste para saber la diferencia y apreciar lo poco bueno que podemos conseguir, y sólo a veces? ¿O es que somos masocas?
Con la edad avanzada, llegan los sentimientos de abandono como lo que se temía de bebé, y la soledad el enemigo que se temió en la juventud.
Todo es dolor hasta el final. El miedo, la impotencia, tantas preguntas sin respuesta y cosas sin terminar o realizar, el sentimiento de no ser ya necesarios. El adiós y despedida hasta nunca.
¿Pero por qué el dolor tiene que ser como una remisión? o es más, ¿por qué tiene que ser como el pago de alguna culpa? Si la vida es un aprendizaje para vivir la misma, ¿por qué no es más frecuente el premio que el castigo? a fin de cuentas tanto vale uno como el otro para conseguir lo mismo, ¿no será que en ese intento de olvidar las cosas malas no se produce el efecto deseado? pues mejor sería entonces muchas más cosas buenas como reafirmación que nunca se olvida y puede ayuadarnos más, pero muchas de esas cosas conseguidas es a costa de los demás, entonces no cuentan.
Pero sin meterme en los jardines, o atrios, de la religión, el pensamiento ya no sólo de una edad media con los cristianos en occidente, si no ya antes, como origen, con un Séneca con la misma mentalidad de resignación y consuelo de la vida en este valle de lágrimas, no hay alivio al final.
Pues no, hay que tirar pa'lante y morir con las botas puestas pensando que no hay otra vida que esta y tenemos que perseguir la siempre utópica.
viernes, 18 de abril de 2014
Ese fue tal vez el único misterio (cont.)
Ese fue ... (hasta el final)
Un hilo de sangre salió por debajo de la puerta, atravesó la sala, salió a la calle, siguió en un curso directo por los andenes disparejos, descendió escalinatas y subió pretiles, pasó de largo por la calle de los Turcos, dobló una esquina a la derecha y otra a la izquierda, volteó en ángulo recto frente a la casa de los Buendía, pasó por debajo de la puerta cerrada, atravesó la sala de visitas pegado a las paredes para no manchar los tapices, siguió por la otra sala, eludió en una curva amplia la mesa del comedor, avanzó por el corredor de las begonias y pasó sin ser visto por debajo de la silla de Amaranta que daba una lección de aritmética a Aureliano José, y se metió por el granero y apareció en la cocina donde Úrsula se disponía a partir treinta y seis huevos para el pan.
-¡Ave María Purísima! -gritó Úrsula.
Siguió el hilo de sangre en sentido contrario, y en busca de su origen atravesó el granero, pasó por el corredor de las begonias donde Aureliano José cantaba que tres y tres son seis y seis y tres son nueve, y atravesó el comedor y las salas y siguió en línea recta por la calle, y dobló luego a la derecha y después a la izquierda hasta la calle de los Turcos, sin recordar que todavía llevaba puestos el delantal de hornear y las babuchas caseras, y salió a la plaza y se metió por la puerta de una casa donde no había estado nunca, y empujó la puerta del dormitorio y casi se ahogó con el olor a pólvora quemada, y encontró...
Un hilo de sangre salió por debajo de la puerta, atravesó la sala, salió a la calle, siguió en un curso directo por los andenes disparejos, descendió escalinatas y subió pretiles, pasó de largo por la calle de los Turcos, dobló una esquina a la derecha y otra a la izquierda, volteó en ángulo recto frente a la casa de los Buendía, pasó por debajo de la puerta cerrada, atravesó la sala de visitas pegado a las paredes para no manchar los tapices, siguió por la otra sala, eludió en una curva amplia la mesa del comedor, avanzó por el corredor de las begonias y pasó sin ser visto por debajo de la silla de Amaranta que daba una lección de aritmética a Aureliano José, y se metió por el granero y apareció en la cocina donde Úrsula se disponía a partir treinta y seis huevos para el pan.
-¡Ave María Purísima! -gritó Úrsula.
Siguió el hilo de sangre en sentido contrario, y en busca de su origen atravesó el granero, pasó por el corredor de las begonias donde Aureliano José cantaba que tres y tres son seis y seis y tres son nueve, y atravesó el comedor y las salas y siguió en línea recta por la calle, y dobló luego a la derecha y después a la izquierda hasta la calle de los Turcos, sin recordar que todavía llevaba puestos el delantal de hornear y las babuchas caseras, y salió a la plaza y se metió por la puerta de una casa donde no había estado nunca, y empujó la puerta del dormitorio y casi se ahogó con el olor a pólvora quemada, y encontró...
y encontró a José Arcadio tirado boca abajo en el suelo sobre las polainas que se acababa de quitar, y vio el cabo original del hilo de sangre que ya había dejado de fluir de su oído derecho. No encontraron ninguna herida en su cuerpo ni pudieron localizar el arma. Tampoco fue posible quitar el penetrante olor a pólvora del cadáver. Primero lo lavaron tres veces con jabón y estropajo, después lo frotaron con sal y vinagre, luego con ceniza y limón, y por último lo metieron en un tonel de lejía y lo dejaron reposar seis horas. Tanto lo restregaron que los arabescos del tatuaje empezaban a decolorarse. Cuando concibieron el recurso desesperado de sazonarlo con pimienta y comino y hojas de laurel y hervirlo un día entero a fuego lento ya había empezado a descomponerse y tuvieron que enterrarlo a las volandas. Lo encerraron herméticamente en un ataúd especial de dos metros y treinta centímetros de largo y un metro y diez centímetros de ancho, reforzado por dentro con planchas de hierro y atornillado con pernos de acero, y aun así se percibía el olor en las calles por donde pasó el entierro. El padre Nicanor, con el hígado hinchado y tenso como un tambor, le echó la bendición desde la cama. Aunque en los meses siguientes reforzaron la tumba con muros superpuestos y echaron entre ellos ceniza apelmazada, aserrín y cal viva, el cementerio siguió oliendo a pólvora hasta muchos años después, cuando los ingenieros de la compañía bananera recubrieron la sepultura con una coraza de hormigón. Tan pronto como sacaron el cadáver, Rebeca cerró las puertas de su casa y se enterró en vida, cubierta con una gruesa costra de desdén que ninguna tentación terrenal consiguió romper. Salió a la calle en una ocasión, ya muy vieja, con unos zapatos color de plata antigua y un sombrero de flores minúsculas, por la época en que pasó por el pueblo el Judío Errante y provocó un calor tan intenso que los pájaros rompían las alambreras de las ventanas para morir en los dormitorios. La última vez que alguien la vio con vida fue cuando mató de un tiro certero a un ladrón que trató de forzar la puerta de su casa. Salvo Argénida, su criada y confidente, nadie volvió a tener contacto con ella desde entonces. En un tiempo se supo que escribía cartas al Obispo, a quien consideraba como su primo hermano, pero nunca se dijo que hubiera recibido respuesta. El pueblo la olvidó.
jueves, 2 de enero de 2014
Los Tres Reyes Magos
Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame.
- Oye, quiero... que me digas la verdad.
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido.
- Es que... -titubeó Cristina.
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso...
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos, pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.
- Entonces no lo entiendo papá.
- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
-Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas.
Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)